Quizá el problema de Madonna es lo que se espera de ella, el intentar que detrás de cada nuevo álbum haya un concepto fuerte, cuando lo cierto es que las expectativas serían más satisfactorias si nos limitásemos a disfrutar sin mayores pretensiones de su nuevo puñado de temas. En este empeño de inflar el acontecimiento la culpable es la misma Madonna, que no termina de aceptar su nuevo lugar en el mundo de la música, tampoco ayudan sus crecidos fans que como buenos adictos son incapaces de reconocer las limitaciones de su diva. La realidad es que los últimos lanzamientos de la reina del pop van interesando cada vez menos y que incluso países tan dados a sus aventuras como el Reino Unido han acabado por darle la espalda a sus singles. Nadie cuestiona sus habilidades para el espectáculo, ni tampoco lo difícil de llevar más de 30 años en primera línea, lo que se cuestiona es su capacidad de conectar con nuevos públicos y su olfato para fichar a nuevos productores capaces de marcar el camino, ahora, Madonna o bien copia tarde y mal a veinteañeras que buscan su trono o se copia a ella misma.
Mdna, no es un mal disco si lo que se espera es un rato de pop sin más, sin ninguna novedad y nos imaginamos en uno de sus conciertos disfrutando del espectáculo, el disco parece aquí un simple vehículo para justificar una nueva gira que de otra forma tendría poco de novedoso. A partir de ahí podemos bucear en su sonido y sacar inevitables comparaciones con otras canciones pasadas o intentos más o menos acertados de crear potentes singles. ‘Girl gone Wild’ producida por Benassi es la perfecta continuación para ‘Sorry’ o ‘Get together’ de ‘Confessions on a dance floor’, el hecho de que en pleno 2012 un single suena a un refrito de un álbum que data de más de 7 años no es la mejor carta de presentación, tampoco una producción que nos hace recordar que hoy en día Rihanna podría dar unas clases a la reina sobre lo que son los singles efectivos. ‘Gang Bang’ de William Orbit tiene cierto toque hipnótico con una Madonna que susurra y más bien recita frases. ‘I’m adiccted’ tiene una base que vuelve a recordar a confessions y que con ese grito de estar ‘I’m addicted to your love’ se podrá escuchar en cualquier antro gay. ‘Turn up the radio’ de Martin Solveig es una de las mejores canciones que encontraremos, la voz de Madonna suena más a ella, y en su conjunto es más adictiva y menos prescindible que el resto.
Lo curioso de este disco es que tras varias escuchas parece que el primer single ‘Give me all your lovin’’ era de lo mejor que podía sacar, no deja de ser raro ver a una señora cantando una cosa tan ridícula como cualquier quinceañera. Y aquí viene otro problema, Madonna y sus seguidores deberían de dejar de compararla o intentar ponerla al nivel de Katy Perry, Rihanna o Lady Gaga. Madonna pertenece a la liga de U2, esas viejas glorias, que han dado mucho, cuyas giras son eventos pero que no vienen ya a revolucionar el mundo musical. Madonna además tiene el añadido de que al hacer música propiamente pop, está más sujeta al dictado de las modas, del consumo rápido y a la necesidad de alcanzar buenos puestos en las listas, porque a estas alturas no tendría sentido renegar de la necesidad de todos esos elementos para conservar su cetro. No habrá más Madonnas, mal que les pese a los fans de Gaga, pero quizás tampoco haya más Madonna tal y como la entendíamos hasta ahora.
‘Some Girls’ y ‘Superstar’ quedarán bastante resultonas como números en su gira, sin que perduren mucho más en nuestro cerebro. ‘I don’t give a …’ la reina no se atreve a decir ‘shit’ y juguetea al ritmo de ‘hip hop’ con la compañía de Nicki Minaj, en la típica canción de autoafirmación, donde además Minaj la declara la verdadera reina del pop, deleite para sus fans. ‘I’m a sinner’ recupera a la mejor Madonna, con producción de Orbit, ‘Masterpiece’ no está mal aunque resulta algo blandengue y sonrojante. ‘Falling tree’ es directamente prescindible, ‘Beautiful Killer’ es bastante disfrutable. Uno de sus mayores aciertos es ‘I fucked up’ con su recital de culpas y con una base que permite que su voz asome. ‘B-Day Song’ con MIA es otra muestra de lo divertida que aún puede llegar a ser Madonna, aunque MIA nunca haga en las colaboraciones un papel a la altura de lo que es capaz de hacer por sí misma.
MDNA deja un sabor agridulce, no se aprecia mucho la mano de los diferentes productores, pero hay una falta evidente de verdaderos trallazos, la brújula que perdió con ‘Hard Candy’ sigue perdida, y después de cuatro años esto sabe a poco. Sin un single capaz de sacarla del atolladero, este disco pasará sin pena ni gloria, sus fans le darán unas entradas potentes entradas en listas para deslizarse luego a puestos más mundados, a final de año sólo los ecos de una gira repleta por los de siempre podrá maquillar el hecho de que Madonna ya no es Madonna. 5,5/10