1. La soledad de Rajoy.

    El país da palmadas de alegría ante un gobierno que todo el mundo se ha lanzado a calificar de óptimo. Recordando la investidura de Zapatero en 2004 donde los medios eran más que críticos o poco entusiastas, con Rajoy salta a la vista el servilismo de los medios de derechas cuya mínima crítica ha sido extirpada del ideario, pero no deja de sorprender tampoco el guante de seda con el que le ha dado la bienvenida la supuesta izquierda de los medios de PRISA, ahora sí, presos de su necesidad de agradar al poder y prestos a terminar de cobrarse esa venganza de plato frío con los socialistas. Pero nadie es capaz de dar cabida a la legitima crítica a este nuevo gobierno, muchas incógnitas parecen acechar. 

    Nunca un presidente que ha sido elegido por una razonable mayoría (si bien menos votos que Zapatero, conviene decirlo) ha mostrado tanta soledad, ensimismamiento antes de pisar la Moncloa. Con todos sus nombramientos se hace más que innegable ese miedo, ese sentimiento de estar rodeado de víboras dispuestas a morder, ninguno de sus ministros supone sorpresa, el rodearse de amigos y de fieles es sintomático para un presidente que comienza con desconfianza hacia su propio partido, con una Esperanza Aguirre al acecho y con múltiples incógnitas sobre su posible gestión. No hay concesiones al ala dura de los conservadores, ni a los traidores, y el gobierno es un yermo paisaje gris, plagado de madurez, de desvencijados políticos manchados donde el único relevo generacional viene de Soraya de Saénz de Santamaría. Entre los ministros nos encontramos ministros de defensa expertos en vender armas y en concreto bombas de racimo, sociólogos narcisistas que se encargarán ahora de la educación, un ministro de economía que era el responsable para España y Portugal de Lehman Brothers cuando ésta se hundió y desencadenó la mayor crisis mundial en un siglo.

    No seré yo quien ponga el solfa ninguno de los currículums de estos flamantes miembros del gobierno pero hay un riesgo para Rajoy, cuando uno se rodea de fieles con poco recambio posible no se puede permitir fallar y ese será su reto. Después de dos legislaturas donde Zapatero fue el mal de los males, ahora con la llegada del PP al poder parece que se desbloquean nombramientos, que la crispación baja, que el consenso vuelve y nadie es capaz de decir que si durante mucho tiempo eso fue imposible fue por esos mismos conservadores, que ahora sí, ya de vuelta al cortijo y con mayoría absoluta están dispuestos a renovar todos los organismos. Se equivoca el PSOE si apuesta por un perfil bajo, con su escuálido grupo lo que necesita es una profunda autocrítica y sentar las bases para un proyecto que no ponga en duda los avances en derechos civiles de Zapatero pero que se diferencie claramente de su legado en economía y de sus doctrinas. Rubalcaba gran perdedor y manipulador no puede seguir al frente de un proyecto al que ha llevado a la hecatombe como candidato y anterior vicepresidente, no tiene sentido premiar a un político que lo ha dado todo y que debe ir al banquillo. 

    Carme Chacón, una ministra con buena labor, amplia experiencia política y doctora en derecho constitucional puede encarar mejor el futuro, puede permitirse 8 años para formar su proyecto, puede alejarse del legado de Zapatero porque a fin de cuentas ella sólo dirigía defensa. España necesita una alternativa fuerte y que sea capaz de responder a la mayoría mediática de aduladores del PP, y debe estar preparado para un eventual fracaso de los conservadores en el gobierno. No es de locos pensar que si en dos años las cosas siguen igual y nada cambia, Rajoy no tendrá ni banquillo ni credibilidad y aquellos que ahora mismo lo adulan en su partido empezarán a dudar. Con todo el poder municipal, con toda su mayoría el único responsable del fracaso o éxito conservador será Rajoy que es muy esclavo de sus palabras y muchos de sus votantes (no los más adictos que son muchos) no vana darle mucho tiempo para que rehaga el país, después de tanto repetir que con su llegada todo se acabaría y volveríamos a crecer su credibilidad está ligada a resultados en un plano no superior a dos años. 

    Rajoy encumbrado por casi todos como adalid de virtudes deberá ahora demostrar que es algo más que un gestor gris de decisiones tardías, deberá demostrar su competencia y deberá ganarse la confianza de muchos, deberá a fin de cuentas transmitir algo más que la inmensa soledad que desprende, algo más que un grupo de 13 adictos con sólo 4 mujeres para sacar al país de la cuneta. Los amigos son buenos para irse de cañas pero no tanto para sentarse en el consejo de ministros.